A tres días del anuncio realizado por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, sobre el inicio de un proceso de excarcelaciones como un «gesto de paz», en las afueras de los centros de reclusión se vive incertidumbre y desolación. A pesar de la expectativa generada en todo el país, las organizaciones de derechos humanos y los familiares de presos políticos permanecen apostados en las puertas de las cárceles denunciando la lentitud del proceso. Hasta la fecha, el Foro Penal y otras ONGs han confirmado apenas una veintena de liberaciones, una cifra que representa apenas una fracción mínima del total de los más de 1000 personas que aún permanecen tras las rejas por motivos políticos.
Este estancamiento ha sumido a cientos de familias en un estado de angustia y revictimización. En las afueras del Centro Penitenciario de Aragua (Tocorón) y otras cárceles del país, madres, padres y esposas llevan días pernoctando a la intemperie, alimentando una esperanza que se choca con el silencio de las autoridades. La falta de un cronograma claro o de listas oficiales de beneficiarios ha convertido lo que se anunció como un gesto humanitario en una prolongación del castigo psicológico para quienes esperan el regreso de sus seres queridos.
Entre quienes esperan con desesperación se encuentra la familia de Carlos Rafael Marcano Mogollón, periodista y profesor universitario detenido arbitrariamente el pasado 23 de mayo de 2025. Carlos, quien además es reconocido por su disciplina como maratonista, fue sacado de su casa en un procedimiento violento y sometido a desaparición forzada durante sus primeros días de prisión. Desde entonces, su proceso judicial ha estado plagado de irregularidades: se le ha negado el acceso a abogados de confianza y su familia, tras meses de reclusión en Tocorón, sigue sin tener acceso al expediente judicial que sustenta su detención.
La situación de Marcano es el reflejo de un patrón de criminalización del ejercicio periodístico y de la defensa de los derechos humanos. Su madre, Gladys Mogollón describe la situación actual en las puertas del penal como una prueba de resistencia frente a la falta de información oficial. “Desde el dolor de madre, no puedo evitar sentirme afectada y abrazar a cada mujer que se encuentra al igual que yo, enfrentando esta adversidad, desprotegidas, en el sol y en la noche fría sin un baño, sin información clara y abrazando la esperanza del reencuentro con nuestros seres queridos” expresó.
Su testimonio resuena con el de miles de venezolanos que exigen que los anuncios de paz se traduzcan en libertades plenas y no en tácticas de dilación que desgastan la salud física y mental de los detenidos y sus allegados. “El llamado es a estar atentos, hacer presencia, apoyarnos, a seguir adelante, necesitamos de todos, de manera pacífica pero activa hasta lograr el regreso de los nuestros” insistió Gladys.
La exigencia de la familia es clara: libertad inmediata para Carlos Marcano y para todos los ciudadanos cuya única falta ha sido el ejercicio de sus derechos, e instan a las autoridades venezolanas a que las excarcelaciones no sean selectivas ni se utilicen como fichas de negociación política.
Ver esta publicación en Instagram














